—Sí señor, yo he dado á un individuo extraño un garrotazo como para él sólo.
—Pues bien, pon eso en claro con Emilia; pero sin maltratarla: que se acabe esta situacion ambigua: yo te tomo bajo mi proteccion; yo haré tu fortuna.
—Muy bien, señor, muy bien; ya sabe V. E. que yo me contento con la portería mayor de...
—Bien, hombre, bien; pero, sobre todo, es necesario averiguar quién es ese individuo extraño.
—La señorita Aurora debe saberlo.
El lacayote tomaba alas.
Abusaba.
El hombre de estado sufría.
¡El amor!
Debia ser muy hermosa Emilia.