Tenia ésta entrapajada la cabeza, y no se podian sufrir sus gipidos ni sus impertinencias.
Estaba en estado de delirio.
No por el arrotazo, que no habia sido gran cosa, á causa de lo duro que tenia el testuz, sino á causa de su amor.
Habia contraido por mí una pasion trágica, súbita, trascendental, terrible, de primer órden.
Apostrofaba á su cuñado.
Decia que él habia preparado todo lo que habia sucedido.
Que habia armado una trampa infernal para coger al único hombre que habia conmovido su corazon, hasta entonces sin amor.
Juraba y perjuraba que sino se la probaba que á mí no me habia sucedido mal alguno, daria un escándalo que llegaria á las nubes, y haria que las gentes se tapasen los oidos, al ver el estado de sensibilidad en que ella se encontraba.
Amenazaba con que ella probaria que su cuñado habia sido un buitre voraz sobre la cosa pública.
Fué necesario buscar noticias acerca de mí para calmarla.