Era la una y media de la madrugada.

¿Pero qué importaba?

Gaspar se fué con el sombrero casa de Beiras.

Apeló al sereno para que le abriesen la puerta.

Abrieron, preguntó, mintió.

Manifestó que se trataba de un asunto de la mayor importancia.

Examinaron el sombrero y declararon que el dia anterior habia sido vendido á un joven que habia ido con una señora ya de cierta edad; pero muy bien conservada.

Por las señas que habian quedado para que se remitiesen otros sombreros de distintas formas, se supo que aquella señora era doña Emerenciana, y yo, por consecuencia, el dueño del sombrero.

Entre tanto, otros criados habian reconocido la casa para descubrir por donde yo habia podido escapar.

Al fin se dió con la bohardilla que salia al tejado, y en éste con las tejas arrolladas.