No se tuvo duda de que yo estaba en la casa del coronel Arrumbales.
O á lo ménos de que yo habia escapado por ella.
No se atrevieron á penetrar en la casa por el terrado.
Esto hubiera sido exponerse á ser tratados como ladrones.
Pero llamaron á la puerta de la calle.
Aurora estaba terrible.
Habia necesidad de satisfacerla.
Nadie contestó al llamamiento.
Al fin, para no ser molestados por más tiempo por aquellos desaforados llamamientos, un vecino del cuarto bajo abrió una reja.
El vecino, que era amable, les dijo que el vecino del tercer piso al cual llamaban, tenia el sueño muy pesado, ó se hacia el sordo, y se prestó á ir él mismo á llamar á la puerta de su cuarto.