Yo obtenia más y más pruebas de la inocencia de mi mujer, cuando nos sorprendieron grandes campanillazos á la puerta del cuarto.
Se sucedian sin interrupcion.
Eloisa y yo nos perdiamos en suposiciones.
No podia ser el papá.
Pero si no estaba en casa el papá, no podiamos responder: estábamos encerrados.
Los campanillazos se repetian.
Se sentian gentes en la calle.
Tampoco podiamos decir nada por el balcon.
Ya he dicho que las maderas de los cristales tenian cerraduras.
¿Qué hacia entonces el coronel Arrumbales?