Es necesario que seas un hombre independiente.
Y me dió un papel arrugado.
Hecho un gurruño.
—Ahora, vete,—me dijo,—y hasta la noche á las ocho.
Me despidió cariñosamente, y yo bajé del landó.
El lacayo me saludó como si hubiera sido su amo.
Adelanté hácia el Jardín Botánico.
Cuando hube perdido de vista el landó, me detuve y miré el papel arrugado que me habia dado Loreto.
Dentro venia una sortija con un grueso diamante, que valia por lo ménos diez mil reales.
El papel era un billete de banco de mil pesetas.