Seguí escuchando.
A poco no pude tener duda: era mi artículo el que causaba toda aquella polvareda.
Esto me alentó.
Mi porvenir se hacia más y más halagüeño.
Yo era un hombre á propósito.
La política, que tiene todas las asquerosidades y todas las mañas de las viejas verdes, me abria los brazos, con mucho más entusiasmo y mucho más arranque que la hermosa Loreto.
Yo veia ya la diputacion á Cortes.
Un escándalo parlamentario.
Por consecuencia, una cartera.
¡Poder de Dios!