—Y eso, ¿qué tiene?
—Es verdad que á mí me han visto también entre dos capitanes de la vanguardia republicana en el café de la Nacion Española; pero yo iba allí para servir á mi marido, para observar de cerca cómo se juzgaba la política de actualidad entre el pueblo: nosotros estábamos haciéndonos en aquel tiempo nuestro camino: la mujer debe ayudar al marido, y era necesario trabajar.
Yo extrañé esta confesion.
Me pareció un exabrupto.
Era aquello inverosímil.
Ninguna mujer confiesa ciertas cosas.
Tanto ménos cuanto está en más alta posicion.
Yo no sabia á qué atribuir aquella enormidad.
¡La esposa de un jefe de partido!
Una ex-ministra.