Fué necesario buscar al tio Calostros para que la curase.
En fin, un lio más.
Un tiberio infinito.
¡Y todo por mis méritos!
Yo estaba que reventaba de orgullo.
—Ya ves, hijo, si tienes partido,—me dijo Loreto:—por tí se pierde el mundo.
Y no es esto sólo.
Don F... se empeña en que te cases con su cuñada; quiere tenerte en la familia.
Con que elige, hijo mio, elige.
—Lo que tú quieras, lo que te parezca.