Me has embrujado.
Pero no olvidemos lo que importa.
¿Qué se decide?
—La polla.
—Pues á Dios, hijo mio: y díme: ¿dónde te vas tú á ir ahora?
—A dar vueltas: ¿habrás concluido á las once?
—Pues ya lo creo: vamos tú quieres que nos vayamos de huelga.
—Pues, por supuesto: á casa de Santiago.
—Para eso será necesario que me disfrace: á propósito, hay baile en la Zarzuela.
—Es verdad.