—Espérame á las doce y media en la entrada del baile.
—Por supuesto que no permaneceremos.
—¿Y qué diablos tenemos que hacer en el baile? Espero llevar conmigo á Eloisita.
—¿A Eloisita?
—Sí.
—¿Te la dará su padre?
—Ya lo creo: además es necesario acostumbrarla, tú no debes casarte sino con una mujer digna de tí.
—Pues convenido: hasta las doce y media.
—Cuidado, que no hagas alguna calaverada, tú no te perteneces, hijo mio: mira, llévame en tu carruaje á casa de Arrumbales.
—Sea.