Salimos.
Dejé en la puerta de Arrumbales á mi hermosa Loreto.
Faltaban dos horas y media para nuestra cita.
—A andar por las calles,—dije al cochero.
CAPITULO XVI.
En que se vé hasta qué punto es un inconveniente el amor.
Pero apenas se habia puesto en marcha el carruaje, cuando se detuvo.
Una mujer, una jóven se habia acercado y le habia hecho parar.
En cuanto abrió la portezuela el lacayo, aquella mujer se lanzó dentro y dijo:
—A la calle de Hortaleza, almacen de trajes.