A Segura lo llevan preso.

¡Para que yo vuelva á fiarme de tí!

Micaela se hacia peligrosa.

Era necesario prescindir de ella.

A lo ménos por el momento.

—Yo ya estoy casado,—la dije:—yo tengo conciencia.

—Como los caballos del coche.

En fin, bien, eso ya se verá.

Manda que nos lleven á casa de Casacon.

Yo tiré del cordon y dí la órden.