—¿Pero y el millon, niña?
—Eso es aparte: ya se estudiará lo del millon.
—No puedo exponerme á que otra te me quite,—dijo al fin:—con millon ó sin millon es necesario que yo sea tu mujer.
Y no te chancées conmigo.
¿Seria yo la primera mujer que matase al canalla que la ha engañado?
Eso va en génios, en madera.
Y yo no soy de madera de chopo, que ni para carbon sirve.
Con que no te agarres á lo del millon para darme la cambiada, chaval; eres tú muy niño todavía, y no me engatusas, cariño.
Cuando nos casemos, yo te dejaré que le estruges el bolsillo á todas esas viejas y á todas las pluminas del mundo; pero antes, te lo repito, casaca aunque sea raida, que luego la bordaremos de oro.