—¡Pues si ya te he dado el alma, vida mia!

—Usted es muy poco chulo para mí; usted ha cogido veinticuatro horas de buena fortuna, y está usted lililó.

Vamos, lleveme usted á casa de Casacon.

Quiero comerme un besugo y tragarme un cañaveral.

Estoy celosa, reventando.

Yo no le dejo á usted ya.

Es usted muy poco de fiar, caballero.

Me coso á usted.

Vamos á sacar los papeles y á casarnos por lo civil, y luego por lo religioso, y si fuera necesario por lo militar y por lo criminal.

¿Pues qué no hay más que haber yo echado al agua mi honor, y haberme decidido por usted y haber sido su esclava, para que usted me deje plantada?