Me zambullí en el carruaje, y dí al lacayo las señas.

—Ya me contarán lo que haya sucedido,—dije en el momento en que el carruaje partia al trote.

Llegué.

La puerta estaba abierta, y el portal iluminado, á pesar de la hora.

En la calle esperaban algunos carruajes.

Habia, pues, gentes casa de don F...

Sucedia algo importante.

En efecto, don F... no estaba sólo.

Le acompañaban los vecinos de la casa y gran parte de sus numerosos conocimientos.

Cuando un hombre tiene una gran posicion, cuando puede servir de mucho, tiene un número enorme de cortesanos serviles.