Se preparó todo.

Habia allí bastantes personas importantes que podian servir de testigos.

Se preparó á la que se hacia pasar por moribunda.

Se procedió á la ceremonia.

Pero apenas se habia empezado, cuando me sentí agarrado por el cuello.

Pensé en la Nicanora.

Me volví, y ví al coronel Arrumbales que habia dejado encerrada á Eloisita, y habia venido como buen vecino, á pasar la noche, como otros, velando á la moribunda.

Habia llegado á tiempo.

Antes de que yo pronunciase el sí terrible me habia echado mano.

Me arrolló.