Se puso delante de mí con los puños crispados:
—Esto no puede ser,—dijo:—este hombre no puede casarse.
Este hombre es el prometido de mi hija.
Si se casa con otra que con mi hija le mato.
Al que directa ó indirectamente se mezcle en este negocio le estrangulo.
Ya se sabe quién es el coronel Arrumbales.
Basta un sólo aliento mio para que todo el mundo se aterre y se humille.
—Que vayan á buscar una pareja,—exclamó don F...—este hombre á la cárcel.
—¿Quién tal dijo?
El coronel Arrumbales, soltó un grito pavoroso.