Eso será mañana mismo.

Un mandamiento cerrado...

—Todo eso está muy bien,—le dije,—pero nos detenemos á la puerta.

Pueden sobrevenir.

—¡Que sobrevengan!

—¡Un escándalo en la calle!

—Pues bien, entra: estás en tu casa.

Despedí el carruaje.

Entré con Arrumbales.

Poco despues Eloisita se arrojaba en mis brazos, sollozando de amor.