—¡Cómo que no tienes casa!—me contestó:—¿pues no eres tú el marido de mi hija?
—¡Ah, señor!
—¿Qué más dá?
Soy un filósofo.
Tu estás ya casado de hecho.
Yo no he podido evitar lo que me fuerza á considerarte como hijo mio.
Yo te he casado ya con mi hija.
Solo faltan las formas.
La ceremonia.
Como si dijéramos, la credencial.