Temí una nueva aventura.
Tal vez habia sido presa la Nicanora, me habia comprometido, y la policía venia á buscarme.
Salté de la cama.
Eloisita, que me tenia abrazado, despertó.
Pasó un gran rato, casi otra hora.
Llamaron á la puerta del cuarto.
Acudí.
Era el papá.
Éste llamó á Eloisita, que acudió envuelta en un peinador.
—Hija mía,—la dijo su padre:—tienes una huéspeda por lo que queda de noche: es necesario que la acojas.