Todo esto hecho con gran limpieza en ménos de tres segundos.
Los de órden público que me habian perseguido, pasaron junto á mí sin reconocerme.
Me habia salvado; habia dado fondo.
Cuando reparé, tenia en la mano una cuchara.
Me fuí al restaurant del baile.
Llamé á un lado á un mozo.
Le enseñé la cuchara.
Él comprendió, sacó tres pesetas y me las enseñó en forma de abanico.
Yo las tomé y solté la prenda.
Indudablemente la cuchara era de plata.