—Adriana Lecoubreur.

Me dieron los veinte duros y la papeleta.

Yo me volví al baile.

¿Era feliz?

¿Era desgraciado?

Estaba rico.

Pero tenia celos.

Volví el capuchon de alquiler; recobré mi sombrero y mi americana.

Alquilé en seis pesetas un magnífico traje de mandarin japonés.

Dejé en garantía ocho duros.