—Usted abusa de su posicion,—dijo;—usted me falta; usted supone... Usted se equivoca.... Vaya usted con Dios.

Y extendió la mano con un movimiento verdaderamente trágico.

—Hasta la vista, señora,—dijo el inspector, que reventaba de tunante.

Adriana se agobió en cuanto se fué el inspector.

Fué á componerse, con la cabeza inclinada, su capuchon de color de rosa.

Habia tomado una bella posicion, en que aparecia gallarda hasta lo prodigioso.

Me acerqué á ella.

Desfiguré cuanto pude la voz y la invité á un wals que empezaba.

Me sentí entonces apartado bruscamente.

Miré indignado.