El arrepentimiento de Adriana continuaba.
Yo soy alto y cenceño.
—¿Jóven ó viejo?
—Ya un poco carcamal.
Seguia arrepintiéndose Adriana.
Yo no tengo más que veintidos años.
El inspector ofreció á Adriana no perdonar nada para servirla.
En seguida la invitó al restaurant.
Adriana se negó con una dignidad de todo punto magnífica.