—Era...

—¿Quién era?

Adriana vaciló; sabia de sobra cómo me llamaba yo.

—Que era estudiante de farmacia.

—Donde vivia.

Yo habia sido con ella explícito; podia haber deshecho la equivocacion del inspector; haberle dado de mí señas completas.

Yo, que parapetado detrás de un grupo compuesto de una beata y de un Mefistófeles escuchaba todo orejas, me extremecia.

Adriana, sin embargo, se arrepintió.

—Era un capuchon de percal,—dijo,—con un lazo de lana encarnada en la cabeza.

—¡Vaya usted á ver!—dijo el inspector.—¿Alto ó bajo?