Yo apencaba por todo.
Yo era casi casi un Satanás.
El brazalete de Adriana ó de Micaela, ó más bien de doña Emerenciana, lo prueba.
La miseria corrompe.
Estravía.
Incita á todo género de bajas acciones, y áun al crímen.
Hace transigir con lo que nos repugna.
Hace parecer amable lo horrible.
De aquí el fenómeno de mujeres jóvenes y hermosas enamoradas de viejos.
A lo ménos bastante cómicas, bastante ladinas para hacer creer á un viejo que están enamoradas de él.