—Sí, señor; entre los gavilanes un blasón con un león rapante en campo de oro.

—¡El es! ¡El es! gritó con alegría Corazón-de-León. Alza, añadió dirigiéndose al verdugo, y pídeme una gracia.

—¡Una gracia, señor! Pues bien; deseo ejecutar á los reos que se sentencien por resultado de la traición de esta noche.

—¡Sólo eso me pides! exclamó el rey asombrado.

—Sólo eso, señor.

—Pues bien, concedido. Ve por tu hacha; porque pronto harás falta en la Torre.

Cuando Godofredo llegaba á su sótano en busca del instrumento fatal, fué cuando encontró junto á la puerta á Agiab.

Concluida su corta entrevista con éste, volvió á la Torre y se puso á las órdenes de Glow.