Ninguno se movió; pero Glow adelantó hasta la mesa, y tirando del paño negro, quedó descubierta una reluciente hacha en el centro de ella.
—¿Qué significa esto? gritó poniéndose de pie y empuñando la espada.
—Esto significa, gritó Ricardo Corazón-de-León saliendo de detrás de una columna y asiéndole de un brazo; esto significa, gobernador de Normandía, que el rey ha añadido una pieza más á vuestro banquete. Pero comed, si tenéis hambre; bebed, si tenéis sed. El rey espera.
Juan-sin-tierra lanzó una larga y alegre carcajada al reconocer al rey, y exclamó:
—¡Ah! ¿eres tú, Dik? ¿y yo no lo había querido creer? Me alegro, me acompañarás; ¡me han abandonado mis cobardes amigos!
Y sin inmutarse, sin contraerse, de la manera más natural, se sirvió un enorme pedazo de lomo de jabalí.
Corazón-de-León enmudeció de asombro; los circunstantes miraron con respeto y aun con miedo aquel loco, que así se chanceaba con la muerte. Juan-sin-tierra era el hombre inalterable, que más tarde debía decir á sus cortesanos, que le anunciaban la ocupación por Felipe Augusto de los Estados de Guinea, Poitú y Normandía; dejadle hacer, yo le tomaré en una hora doble tierra que la que él me ha robado en tres meses.
El rey despidió á la servidumbre y á los soldados con un ademán imperioso, y quedaron solos los dos hermanos.
—¿Sabes, Juan, dijo el rey, que me siento inclinado á hacer contigo un escarmiento?
—Y bien, no pasará de ahí, contestó tranquilamente Juan engullendo un tasajo: soy tu hermano menor, y no te expondrías á que Dios te diga como á Caín: «Ricardo, ¿qué has hecho de tu hermano Juan?»