—Saul, el hebreo, contestó Adam Wast.

—¡La sombra de lady Ester! murmuró el estudiante.

—¡El hombre que insulta la miseria pública, ostentando una servidumbre y un aparato casi regio para rivalizar dignamente con el obispo! añadió con acento feroz el cortador.

—¡Un hebreo que se atreve á salir en público en caballos de Arabía, rodeado de esclavos etiopes cubiertos de oro!, observó el mercader; ¡un judío que se presenta en público asido del brazo de Juan-sin-tierra!

—¿Es decir, que la salud común, exclamó exasperado el estudiante en un rapto de entusiasmo que, á tener lugar en nuestros días se hubiera llamado patriótico; es decir, que la salud común brota de la misma sentina que la opresión y el insulto? ¿Es decir que debemos dar gracias á Dios porque ha concedido á lady Ester una hermosura capaz de enloquecer á un sacerdote cristiano y á un sibarita hebreo? Una empresa justa no ha menester ser ayudada por un recurso maldito; no debíais haber aceptado ese oro, Adam Wast.

—Piensas como un niño, Williams, contestó el apostrofado; cuando se juega el destino de los pueblos, no debe repararse en si el arma que les ha de hacer fuertes viene de manos de un enemigo. Todos los medios son buenos si dan por resultado un triunfo.

Esta opinión, aunque basada en principios poco rígidos, convenció al estudiante, que presentó de nuevo su bonete y recibió en él el oro maldito.

Después que Adam Wast hubo repartido en partes iguales á los cinco todo el dinero de su bolsa, después de haberles hecho repetir el número de hombres conque contaba cada uno de ellos, añadió levantándose:

—Nada tenemos que hacer aquí; tú, John, ve á reunir tus cortadores en Curhilt; tú, Jorge, busca tus vendedores del mercado; busca á tus estudiantes, Williams; prepara las llaves y las armas de la torre, Tom Flavi; y tú ejecutor de la ley, preséntate entre los bandidos de Sowttwark; al sonar la primera campanada del cubre-fuego, en la pradera de Whitehall.

Los seis hombres abandonaron sus puestos y se dirigieron á la puerta; antes de que llegasen á ella, se abrió y dió paso á un séptimo personaje.