Luego, tomando del suelo la bolsa y sacando de ella un puñado de florines.

—Toma, dijo al mercader, creo que con esto tendrás bastante para los vendedores del mercado.

Jorge Rak tomó el dinero y lo guardó en su escarcela.

—Y tú, añadió dirigiéndose al estudiante, vé si alcanza esto para las exigencias de los tuyos.

Williams Caridemus había puesto al alcance de la mano de Adam Wast su bonete de bayeta para recibir el oro; pero la retiró diciendo:

—Sepamos antes de donde proviene ese dinero, y hasta qué punto nos compromete su adquisición.

—Es muy justo. La adquisición de este oro á nada nos compromete.

—¡A nada! prorrumpieron con extrañeza los cinco hombres.

—A nada á que no nos hayamos comprometido voluntariamente. Este dinero nos lo ha dado un hombre que se dice amigo del pueblo, pero que no es más que enemigo del enemigo del pueblo. Este hombre ha llegado á mí y me ha dicho: «Adam, el pueblo ruje descontento porque sufre; el pueblo no puede hacer más que rugir, porque le falta fuerza; el dinero es la fuerza: toma;» y me dió esa bolsa: si se necesita aún más, mis arcas están llenas.

—¿Y quién es ese hombre que tiene sus arcas llenas, cuando el pueblo no tiene pan? interpeló ásperamente John Asta-de-buey.