Dik permaneció un momento pensativo, mirando los cuatro cadáveres.
—¡Bah! debía suceder así; la canalla siempre pierde.
Después tomó la tea, recorrió la casa buscando á Ketti, y no la encontró. Luego salió de la casa y se dirigió lentamente á la de lady Ester. Cuando pasaba sus umbrales, la campana de la Torre vibró, irradiando entre el silencio, los sonidos del toque de cubre-fuego.
VII
UN MOTÍN-UN FLORÍN POR UNA CABEZA
AL otro extremo de la calle, en una de cuyas tabernas acababan de tener lugar los acontecimientos anteriores, oculto tras un guardacantón estaba un hombre.
Era Godofredo, que como hemos dicho había desaparecido durante la lucha; estaba con el oído atento y la vista fija en aquella casa, de donde había huido no queriendo defender á su hermano en una causa que creía injusta, ni pudiendo tomar parte contra él en favor de los hermanos de la niebla.
Al ruido del combate, el populacho había abandonado en tropel los sótanos de la taberna, creyéndola invadida por archeros del Obispo; pero vagaban á poca distancia, siempre prontos á huir más lejos.