—¿Qué hora esperas? repuso el otro.
—La de la justicia.
—¿Quién eres?
—Hermano de mi hermana.
—La niebla.
—¿Tienes hermanos?
—Sí, los hermanos de la niebla.
—Bien venido seas, hermano.
Y aquellos dos hombres acortaron la distancia que les separaba, y se estrecharon las manos. Después el recienvenido fué á sentarse en la segunda piedra de la derecha del fondo.