—Me he expresado mal, señor, contestó cada vez más trémulo Apsley; debí haber dicho que tenía órdenes de no batir al pueblo si se amotinaba.
—¿Es decir, traidor, contestó el rey levantándose con ira, que me vendías?
—Señor, vuestra madre, regente del reino por vos, responderá de esa orden.
—¿Y te ordenaron también que permanecieses impasible aun cuando se gritase viva el rey Juan? Apsley, entrega la custodia de la Torre á Esex: Esex, encierra en el calabozo más profundo de la Torre del Traidor á Apsley.
Algunos murmullos sordos sucedieron á esta orden.
El rey se adelantó al centro de la sala blandiendo su hacha de armas.
—¿Hay alguno que se oponga al rey? gritó.
Un silencio profundo fué la respuesta; Corazón-de-León sólo vió rostros adictos. Apsley fué conducido á la Torre del Traidor.
—Esex, continuó el rey; id al rastrillo é introducid á la diputación del pueblo cuando se presente á nuestra presencia.
Esex salió.