Por esta razon estaba tan profundamente pensativa doña Isabel.

El haberse visto reconocida por Molina de Medrano cuando menos lo esperaba; el haber visto aquella mañana desde la atalaya entre las breñas y á lo lejos á Laurenti y á Cisneros, y el recuerdo de la sangrienta escena de la iglesia, tenian tambien profundamente pensativa á Angiolina.

Dieron las ánimas, y doña Isabel las rezó.

Contestóla Angiolina, y por esta razon se cruzaron entre ellas algunas palabras.

—Cómo zumba el viento en la chimenea, dijo doña Isabel arreglando los tizones.

—Todo es hoy lúgubre, contestó Angiolina.

—¿Y mi hijo? ¿dónde estará mi Diego? añadió doña Isabel: otras noches ha venido mas temprano.

—Aquí estoy madre, dijo la voz de Aben-Aboo á la puerta.

Y el jóven adelantó, se quitó la gorra, la capa y el talabarte, y se sentó delante del fuego entre las dos mujeres.

—No es prudente andar á deshora por la calle cuando tenemos el pueblo lleno de soldados, y cuando la Inquisicion hace su visita, dijo doña Isabel: recelan demasiado de nosotros, y es peligroso...