—Sí; yo abdico en él mi dignidad de emir de los monfíes.
—¡Dios mio! ¡mi hijo rey de tus bandidos!
—Mis bandidos le haran mejor de lo que él seria sin ellos.
—Pero... en vez de evitar...
—Yo no puedo evitar nada. ¡Dios lo quiere! Aben-Aboo es ambicioso, Isabel.
—¡Oh Dios mio!
—Y no podrás acusarme de que yo he excitado su ambicion.
—¡Oh no!
—Los parientes de Miguel Lopez, su ascendencia, su nombre, todo le ha alentado para fundar esperanzas ambiciosas sobre la corona de Granada; ademas, Isabel, la fatalidad me hizo traer hace año y medio á las Alpujarras á mi hija Esperanza.
—¡Ah! ¡pobre niña! exclamó doña Isabel.