—Juntos eternamente... por ahora no me desagrada: eres hermosa y jóven y me amas... vaya si me amas... pero dices eso de eternamente de un modo...

—Te juro que estaremos juntos hasta la muerte.

—No te conozco muchacha; dijo el capitan engullendo siempre: antes eras mas desconfiada: y ahora hablas con una seguridad... ¡diablo! no parece sino que sabes cuando vamos á morir.

Mariblanca soltó una carcajada que heló la sangre al capitan.

Tan aguda, tan acerada por decirlo asi, tan sarcástica, tan llena de crueldad y de odio habia resonado aquella carcajada en sus oidos.

—Tienes una manera muy singular de reir, niña, dijo el capitan.

—Es verdad, cuando te conocí reia de otro modo. Es verdad que entonces era feliz y confiada... despues... han pasado diez años, diez años de vergüenza y de tormento y lentamente mi risa ha cambiado hasta convertirse en esa risa de odio y de venganza.

Y soltó otra carcajada mas terrible.

El capitan se levantó: Mariblanca se levantó tambien.

—¿Qué significa esto? exclamó: ¿qué burlas son estas, Alida?