—Estas son burlas con que pago la burla que me hiciste: esto es que no confio mucho en el puñal que ya me engañó una vez, y te hiero de una manera mas segura, capitan Herrera.

—Vamos, tú estas loca Alida, dijo el capitan sentándose de nuevo: con todo eso solo consigues que mi embriaguez se aumente, y que me ponga malo. Dejémonos de niñerías, sigamos nuestra cena, y hablemos como buenos amigos. Ponme mas de estas truchas Alida; estan muy sabrosas.

—Basta con las que hemos comido, Diego, para nuestro viaje.

—¿Qué viaje?

—El que vamos á hacer juntos dentro de un momento á la eternidad.

—¡Un viaje á la eternidad! exclamó el Ferih saliendo de repente de detrás de las cortinas de la alcoba.

—¡Un monfí! exclamó el capitan.

—Mi padre, testigo de nuestra boda, Diego, dijo Mariblanca y soltó otra carcajada.

—Pero ese manjar que has comido... estas pálida, lívida..... hija mia, exclamó el Ferih que al fin era padre.

—Eran truchas, con hongos venenosos de las humbrías de la cañada de San Juan; en la salsa habia jugo de yerbas.