—¡Ah! ¡infame ramera! exclamó el capitan que aun conservaba sus fuerzas, lanzándose sobre Mariblanca.

Pero el Ferih le asió del cuello y ciego de furor, le dió de puñaladas.

El capitan cuando le soltó el Ferih, cayó desplomado debajo de la mesa.

—¡Mata ahora á tu hija, padre! exclamó Alida, repitiendo otra horrible carcajada.

—¡Oh! ¡matarte! ¡matarte, hija mia! ¡no, no! yo te perdono: yo quiero que vivas: yo durante mi destierro de España no te he olvidado un solo dia: yo no me hubiera atrevido á matarte.

—Me he atrevido yo porque estoy deshonrada: porque le he visto otra vez... he visto al miserable... le amo... y él... él no me amaba... solo pretendia volver á burlarme...

—Pero..... es necesario que vivas... es necesario pedir socorro...

—¿Para qué?... ¿para que la justicia encuentre aqui al capitan asesinado?

—¡Oh! ¡Dios mio, Dios mio! y cada vez te pones mas pálida...

—Solo hay un remedio... una yerba... y esa yerba.....