Degüello de los cristianos en Cádiar.
Enriscaos en las Alpujarras; recorred nuestro litoral del Océano desde Huelva á Gibraltar, el del Mediterráneo desde Gibraltar á Valencia: mezclaos entre sus habitantes, escuchad su lenguaje, observad sus costumbres, estudiad sus pasiones, y habreis conocido en toda su pureza á la mujer de la raza de Oriente importada á España por los árabes.
Oid la poesía de ese pueblo.
Encontrareis el romance árabe con toda su síntesis, con toda su expansion, con todo su sentimiento: un poema de amor, de dolor, ó de esperanza en cuatro versos, en una copla; poemas no escritos, improvisados por el corazon, cantados por la felicidad, por la desesperacion ó por el deseo.
Y presenciad sus bailes, acompasados por una guitarra y acompañados por ese canto; contemplad el corto zagalejo de la que baila, con sus rayas de vivos colores; su corpiño de pana negra ceñido á un talle, á una espalda, á un pecho y á unos brazos incomparables; ved ese pañuelo de mil colores que apenas cubre una magnífica cabellera, y se anuda ligeramente bajo la barba de un semblante encantador ligeramente moreno ó deslumbrantemente blanco, cuyos ojos negros ó garzos despiden relámpagos de pasion, y cuya boca sonrie, como ayudando á los ojos en su guerra contra el corazon del que los ve sonreir y mirar; observad á ese jóven moreno que baila con ella, con su pañuelo en la cabeza, su chupa ó su chaqueta, su ancha faja encarnada, sus anchísimos zaragüelles, ó su ajustado calzon, su media y su alpargata, ó su botin labrado y su zapato blanco: observad la contera de la vaina del cuchillo, ó el extremo de las cachas de la navaja saliendo del bolsillo interno del lado izquierdo de la chaqueta: oid el repique de las castañuelas, las palmas de las gentes del corro, acompañando á la guitarra, á la copla, al baile; mirad el paisage esplendoroso que os rodea, levantad los ojos al radiante cielo que inunda de una luz fuertemente meridional el cuadro, y podreis afirmar que casi habeis visto una zambra árabe.
Tan fuertes raices habia echado en el suelo español ese pueblo, de tal manera habia mezclado su sangre de vencedor con la sangre del vencido, que la única diferencia esencial que existia entre ambos pueblos eran dos libros, por otra parte muy semejantes: quitad á los árabes de España el Koram y dadles la Biblia, ó quitad la Biblia á los solariegos y dadle el Koram, y no encontrareis mas que un solo pueblo, pero un pueblo maravilloso.