La rebelion de las Alpujarras motivada por la crudeza con que quiso llevarse á cabo la sumision completa de los moriscos, fue de tanta trascendencia, como que refiriéndose á ella en el principio de su historia de la guerra de Granada, dijo Hurtado de Mendoza, autor contemporáneo, y tanto, como que tomó personalmente parte en aquella guerra:
«Veráse una guerra al parecer tenida en poco, y liviana dentro en casa, mas fuera estimada y de gran coyuntura; que en cuanto duró tuvo atentos, y no sin esperanza, los ánimos de príncipes amigos y enemigos lejos y cerca.»
Mas adelante el mismo autor confiesa las graves circunstancias en que se encontraba España al estallar la rebelion de las Alpujarras, en las siguientes líneas:
«... Los Estados de Flandes, desasosegados por el príncipe de Orange, eran recien pacificados por el duque de Alba. Mas, puesto que las fuerzas del rey, y la experiencia del duque capitan, criado debajo de la disciplina del emperador, testigo y parte de sus victorias, bastasen para mayores empresas; todavía lo que se temia de parte de Inglaterra, y las fuerzas de los hugonotes en Francia, algunas sospechas de príncipes de Alemania y designios en Italia, daban cuidado; y tanto mayor, por ser la rebelion de Flandes por causas de religion comunes con los franceses, ingleses y alemanes, y por quejas de tributos y gravezas comunes con todos los que son vasallos, aunque sean livianas y ellos bien tratados.»
Por las citas anteriores, se vé que en aquellos tiempos habia quien veia claro, y que solo el rey y los clérigos estaban ciegos por su fatal locura religiosa.
Y esta ceguedad, esta monomanía feroz por exterminar todo lo que no era católico, como si el catolicismo no fuese una religion altamente afecta á la discusion y á la libertad, hacen comprender hasta qué punto serian vejados, tiranizados, martirizados los moriscos por aquel doble despotismo, por aquella tenaz ferocidad, por aquella cólera sagrada, por decirlo asi; por aquella intemperancia de mando, por el odioso sic voleo sic jubeo del tirano.
Y esta ferocidad, esta carencia total de miras políticas, ya que no de sentimientos humanitarios, habian hecho precisa, inevitable la rebelion de los moriscos, porque cuando llega á un limite dado la miseria humana, la desesperacion suple con ventaja al valor, y la sed de venganza produce horribles catástrofes, á vueltas de sublimes rasgos de heroismo.
Y cuando un pueblo ha sido insultado, robado, azotado, herido en sus mas intimas afecciones cuando se han visto holladas las canas de los ancianos, separada la esposa del esposo, el hijo de los padres; cuando las sospechas han bastado como si hubiesen sido evidencias para imponer castigos atroces; cuando se han desoido una y cien veces las súplicas humildes; cuando el que manda se ha mantenido inflexible en el mandato cruel; cuando esto sucede, no hay pueblo cobarde, lo arrostra todo, prefiere la muerte aunque sea horrorosa, al martirio lento, continuado, dia por dia, hora por hora, minuto por minuto, y como se lanza á la pelea enloquecido por la desesperacion, excitado por la sed de venganza, se entrega respecto á sus enemigos á las mismas crueldades, á los mismos horrores, á los mismos crímenes de que ha sido víctima.
Los pueblos cuando se insurreccionan en nombre de su derecho, ponen siempre en práctica la tremenda ley del Talion.
Por eso antes de condenar los horrores de una revolucion, es necesario meditar á sangre fria las causas que la han motivado.