—¿Pero vendran aquí?

—¡Pues no han de venir! vedlos que suben por el repecho.

—Pero no estarian en Yátor, porque si hubieran estado allí no hubieran podido atravesar la rambla ni los barrancos, dijo el beneficiado.

—Habran subido á la sierra y habran pasado por el puerto.

—Pues entonces traen seis leguas en el cuerpo, vendran rendidos, exclamó con desaliento el beneficiado.

—¡Pero calla! exclamó Barbillo, han apagado las antorchas; encima los tenemos. ¡Ah valientes!

Y se tiró con el furor del miedo á las campanas.

En aquel momento una jara que penetró por el arco se le clavó en la frente y cayó de espaldas.

Levantóse un alarido de terror entre los prisioneros de la torre.

Otra jara hizo sonar de una manera aguda una campana y otra y otra y otra siguieron entrando por los arcos.