—«Caballero: ignoro por qué razon os he encontrado al frente de vuestra compañía en Cádiar, cuando es creia al lado de mi hija. Tengo derecho á que me satisfagais, y os mando que vengais á encontrarme, siguiendo al hombre que os llevará esta carta.—El emir de los monfíes.»
—¿Dónde está el hombre que ha traido esta carta? dijo el marqués, guardándosela en el bolsillo.
—Espera en el zaguan, señor, contestó el soldado.
—Hacedle entrar.
Entró un hombre de aspecto al parecer humilde, y miserable y pobremente vestido.
El marqués se quedó solo con él.
—¿Sabes quién te envia? dijo el marqués.
Irguióse el mendigo.
—Soy wali del poderoso emir de los monfíes, contestó: y me llamo Suleiman.
—¿Y te atreves á decírmelo?