—Está aquí, en su casa, dijo cada vez mas admirada doña Isabel.
—¡Ah! ¡loado sea Dios! dijo Aben-Jahuar.
—Está hablando de negocios de familia con mi hijo, añadió doña Isabel.
—¿Que está encerrado con tu hijo, hermana? exclamó Aben-Jahuar, palideciendo de nuevo: ¿y hace mucho tiempo que han quedado solos?
—Cerca de una hora; pero no comprendo....
—¡Una hora! exclamó aterrada doña Elvira.
—Ha tenido tiempo bastante para asesinarle.
—¡Para asesinarle! exclamó doña Isabel: ¿qué decis?
—Tu hijo cree á tu esposo asesino de su padre.
Doña Isabel no escuchó mas: se precipitó hacia la habitacion donde habia dejado á Yaye y á su hijo, y Aben-Jahuar y doña Elvira la siguieron.