Y se dirigió á la venta en la que entró con Aben-Jahuar.

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Al mismo tiempo Laurenti se encaminaba acompañado de Cisneros á la cueva donde habia dejado Aben-Jahuar á Angiolina.

—¿Con que hemos concluido ya, señor Godinez? dijo el comediante.

—Si; si por cierto. Yo os daré tales papeles, que cuando os presenteis con ellos al arzobispo de Toledo, basten para que podais sin miedo volver á vuestro oficio, por toda España, y permanecer cuanto querais en la córte.

—¿Y esa mujer?

—¿La amais todavia?

—Os lo confieso.

—Pues renunciad á ella, porque soy mas fuerte que vos, y tambien la amo.

Llegaban en aquel punto á la cueva: en el barranco un hombre tenia dos caballos del diestro.