—Si tú hubieras observado otra conducta conmigo... sino me hubieras sentenciado á aquella oscuridad misteriosa, á aquella prision, á aquella violencia contínua...

—¡Me hubieras amado...!

—Yo te amaba y te aborrecia á un tiempo.

—No te comprendo.

—Miraba en tí á un tiempo el amante y el verdugo: hui del verdugo, pero he recordado siempre al amante.

—Para ultrajarle.

—No.

—Has sido querida del marqués de la Guardia.

—Me arrojó en sus brazos un empeño de mujer.

—Has sentido zelos de muerte contra la hija del emir.