A aquella hora, entraron en un casaron medio derruido en la parte baja del pueblo dos hombres.
El uno llevaba el ostentoso traje de walí de los walíes ó capitan general de los monfíes.
Era Harum-el-Geniz.
El otro llevaba un bello traje berberisco.
Era Aben-Aboo.
La estancia en que habian penetrado, estaba alumbrada únicamente por la fuerte luz de un monton de ramas de olivo que ardian en un ancho hogar.
Sentado junto al hogar habia un hombre como de treinta años, con traje morisco.
Este hombre era Diego Alguacil.
Al oir á los recien llegados se levantó.