—¡Que vos le veais! ¿y para qué?
—¿Sabeis acaso hasta qué punto llega mi amor? ¿sabeis si por acaso desesperada quiero obligarle á que me ame á costa de un nuevo sacrificio?
—¿Y sé yo si pretendeis hacer una traicion?
—Señaladme un lugar donde yo pueda verle á solas rodeada de vuestras gentes: es mas, entre vosotros vienen mujeres: me someto á ser registrada por una de esas mujeres para que os convenzais de que no llevo puñal ni nada que pueda dañar al marqués.
—Y bien, ¿si os concedo esa entrevista con el marqués, me entregareis á Aben-Humeya?
—Sí: yo y María os entregaremos á ese hombre.
—¿Dónde?
—Aquí mismo: en su casa.
—Pues bien, llamad á María de Rojas.
—Pero me jurais...