En aquel momento Aben-Aboo apareció en la entrada de la cueva y adelantó hacia los turcos.
Parecia horrorizado: su mirada erraba sin objeto.
—Por fortuna llevaba yo la carta, dijo con voz opaca.
—Ha resbalado...
—Sí...
—Ha caido...
—Sí; un salto horrible: ha rebotado en las rocas, y ha caido al fin al torrente. Os juro que me ha causado horror.
—¿Y la carta? exclamó con afan Carcax.
—Aquí está, dijo Aben-Aboo, entregándola á Alí: llevadla, enviadla al alcaide de Mecina de Bombaron: yo me vuelvo á Andarax: esa desgracia me ha horrorizado.
—¿Que llevemos esta carta al alcaide de Mecina? dijo con asombro Alí.