Don Juan contemplaba á Angiolina con una curiosidad cada vez mas creciente.
Angiolina contemplaba á don Juan con una ansiedad cada vez mas terrible.
—¿Pero quién te ha puesto en ese horrible estado? exclamó Angiolina.
—Ella, esa mujer, exclamó el marqués.
—¿Pero qué mujer es esa?
—¿No os he dicho que se llama la princesa Angiolina Visconti?
—No, no; ella no hubiera atentado á tu vida... ella hubiera muerto mil veces antes que tocar á uno solo de tus cabellos:... ella, porque tú vivieses seria capaz de buscar á tu adorada Amina, de entregártela, y de morir después.
—¡Amina! ¡Amina! esa infame mujer la ha perseguido; ella ha causado la desgracia de su padre; ella la ha entregado á Aben-Aboo; ella me ha asesinado.
—¡Oh! ¡no! exclamó con angustia Angiolina.
—Vos debéis conocer á esa mujer, cuando de tal modo la disculpais, dijo el marqués.